Short film y editorial que origina un gran experimento lleno de luz y color 

Una botella de Dom Pérignon Rosé es el resultado de la unión del talento de dos profesionales que proceden de mundos aparentemente extremos: la música y la viticultura. Si bien la botella representa la libertad para explorar, para dejar a un lado lo convencional, lo establecido, aquello por norma debemos conseguir y cumplir; por otro, materializa también un elemento inspiracional que nos impulsa a superar los límites de la creación. En su interior, la uva pinot noir ofrece un caldo atemperado, asertivo y meritorio debido a su reposo en bodega durante casi 12 años. 

La colaboración entre Lady Gaga y Dom Pérignon incluye, además de la ya mencionada botella, una escultura de edición limitada como objeto de deseo que simboliza, a la vez, la transición hacia un estado de cambio, de renovación. Esta pieza exclusiva procede de la colaboración entre la cantante neoyorkina y el estilista y director artístico Nicola Formichetti. 

Sin embargo, el lanzamiento de una edición especial de vino, algo que lleva gestándose desde hace más de una década, no es el motivo central por el que Lady Gaga y Dom Pérignon deciden unir sus mundos. Ambos coinciden en que, en este momento, el planeta se encuentra estancado por la complicada situación sanitaria que atravesamos y defienden que el amor y la libertad creativa siempre deben primar por encima de cualquier adversidad. Por lo tanto, ambos coinciden en situar al amor como epicentro del mensaje principal de la colaboración entre la estrella del pop y la maison francesa. 

Este sentimiento, el amor, uno de los más poderosos del lenguaje internacional, es expresado mediante un short film y editorial en la que la luz y el color son los detonantes de este vínculo entre Lady Gaga y Dom Pérignon. 

Imágenes: Dom Pérignon.

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